Los origenes: El Sindicat Agrícola El Parral
En 1916 nació el Sindicato Agrícola El Parral, fundado por un grupo de campesinos de Capmany con un objetivo común: trabajar juntos para transformar el fruto de la tierra.
La primera bodega constaba de una sola nave, levantada con el esfuerzo colectivo de los socios. Con los años, se añadieron otras dos, llegando a tener capacidad para dos millones de kilos de uva.
Durante décadas, la cooperativa fue el corazón agrícola del pueblo, un espacio de encuentro, trabajo y orgullo compartido. En 1977 contaba con 95 socios, símbolo de la fuerza del trabajo conjunto.
Con el paso del tiempo, la actividad fue menguando hasta que en 2010 la cooperativa se disolvió.
El Ayuntamiento de Capmany recuperó su propiedad y decidió dar una nueva vida al espacio.
El presente: l'Agrobodega El Parral
Miquel Llosa, criado entre viñedos, amante de la tierra y sumiller, apostó fuerte por recuperar y volver a dar vida a la nave más antigua de la Cooperativa Agrícola — un espacio emblemático que forma parte de la memoria colectiva del pueblo.
Con respeto por su arquitectura original y el espíritu con el que fue construida, hemos reconvertido a aquel antiguo sindicato en un espacio dedicado al vino, a la cultura y al territorio.
Así nace el Agrobodega El Parral: un proyecto familiar que quiere preservar y difundir el patrimonio vitivinícola del territorio ampurdanés, dando voz a las bodegas locales ya los productores artesanos que hacen posible este paisaje de viñedos.
Somos una enoteca viva, un punto de encuentro para los amantes del vino y para todos los que quieran conocer, probar y compartir el carácter del Empordà.
En nuestras estanterías conviven los vinos de las nueve bodegas de Capmany con otras referencias del territorio, vinos ecológicos, naturales y de autor, así como una amplia selección de productos locales.
Con cada botella contamos una historia, y con cada cata hacemos revivir la memoria de este espacio.
Nuestro propósito está claro: recuperar, preservar y compartir el legado de El Parral, para que su esencia continúe viva y se la haga suya todo el que nos visita.